Visita del escritor Antonio Borreguero
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El pasado lunes viví una de las experiencias más emocionantes de toda mi vida. Acudí invitado al IES Profesor Juan Bautista para dar una pequeña charla sobre mis libros a alumnos de 1º de la ESO, chicos y chicas muy jóvenes, en una maravillosa iniciativa que el instituto está llevando a cabo para fomentar la lectura entre los chavales. Llegué allí, al mismo sitio donde había pasado tres años, y creo que no he sentido más nostalgia en toda mi vida.

Curse casi toda la ESO en aquel centro. Durante esos años decidí dedicarme al periodismo. Decidí que me encantaba escribir y que seguramente lo haría para ganarme la vida. Y pasé por todo lo que un chaval de esa pasa, por lo bueno, por lo malo y por lo regular. Aquel no era un sitio cualquiera. Era, más que ningún otro, mi instituto. Y al instante un millón de charlas se me vinieron a la cabeza. Muchas personas con las que ya apenas tengo contacto, otras a las que conocí precisamente allí y que hoy siguen siendo compañeros de andanzas.

A la hora de ponerme delante de aquellos chavales estaba muy nervioso, no os voy a mentir, mucho más que cuando presento un libro «en sociedad». Ahí estaba yo, «solo» ante el peligro, aunque con la atenta mirada de varios profesores, desde el fondo, controlando la situación. Empecé hablar, cogí carrerilla y como me suele pasar, no paré hasta que ya no tuve más tiempo. Les conté cómo nació mi pasión por la literatura, y cómo disfrutaba ya por entonces de escribir, algo que sigo haciendo ahora. Cómo tome la decisión de crear mi primer libro, Escocia Misteriosa, porque nadie más lo había hecho. Les hablé de Creepypastas, de Candle Cove y del Diablo, de Guilles de Rais y de Erzebeth Bathory. Y ellos se mantenían callados, algunos en sus cosas, otros mirándome atentos. Creo que no sirvo para dar clases, y por eso admiro tanto a los profesores y profesoras que día tras día se baten el cobre frente al alumnado. Pero aquella sensación de adrenalina… Por un día, fue algo muy emocionante.

Salí de allí con una sonrisa de oreja a oreja y un recuerdo maravilloso que ya tengo puesto en un lugar especial en mi casa. Y con la satisfacción de haber comenzado hace cuatro años un camino que me está trayendo cosas tan buenas y tan bonitas como ésta.

Agradecer por su hospitalidad y su interés a Marco Campillo y al resto de docentes del centro que tuvieron a bien acompañarme para darme un poco más de seguridad. Y que sepan que estoy abierto a repetir cuando quieran… jajajaja

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